Iglesia de San Hipólito el Real, Támara de Campos

Iglesia de San Hipólito el Real, Támara de Campos

Hacía casi 20 años que no pasaba por Támara de Campos y un reciente viaje a Cantabria me dio la excusa para desviarme y disfrutar un rato.

En Palencia, en mitad de la Tierra de Campos, hay un pueblo un poco olvidado (desde que el Camino de Santiago quedó unos kilómetros al norte) que es una auténtica delicia para los sentidos. Llegas por la carretera y, de repente, te sorprende la majestuosa silueta de la Iglesia de San Hipólito el Real elevándose sobre las casas del pueblo.

Ahí, prácticamente en mitad de la nada, en esa mitad donde se empezó a decidir la Historia de España con el nacimiento del Reino de Castilla y León. La Iglesia de San Hipólito el Real se remonta al s. XIV aunque tuvo añadidos durante los siglos XV y XVIII. Podéis encontrar bastante información en internet (también hay un artículo de la Wikipedia al respecto).

A mí, ya en la primera ocasión que la vi, me sorprendió su espectacular escala (más aún por el lugar donde está) y lo impresionante de sus altas naves de piedras calizas. Tiene una fantástica pila bautismal gótica y un retablo barroco magnífico…  pero lo que siempre me ha cautivado es su coro suspendido y la situación del órgano (colocado ahí para mejorar la acústica). Un disfrute para los sentidos.

Si pasáis por allí cerca no dudéis en asomaros. Merece la pena.

Florencia y Stendhal

Florencia y Stendhal

Florencia es un sitio al que hay que ir. Y hay que ir cuanto antes, nada de dejarlo para más adelante porque (total) está aquí al lado. Hay que ir y hay que volver. Y empaparse. Y pasear por los mismos sitios una y otra vez, en distintos momentos del día, en distintas estaciones. Y hay que pararse a ver -no a mirar- para entender, para admirar… para disfrutar.

Hay que pasear por la plaza del Duomo (Catedral de Santa Maria del Fiore) pero también ver su silueta desde lo alto de la Piazza Michelangelo. Y asomarse ya desde allí a San Miniato al Monte para volver a bajar y cruzar una y otra vez el famoso Ponte Vecchio y el Ponte Santa Trinita. Volver a la Galleria degli Uffizi y llegar a la Piazza della Signoria. Pasear por sus calles, descubrir sus rincones, sus iglesias… En temporada alta o baja, haciendo colas o simplemente recorriendo la ciudad. Porque todos sabemos que es un lugar maravilloso… pero hasta que no visitas Florencia no lo entiendes.

Y no es raro lo de Stendhal porque lo que pasó por allí en la primera mitad del siglo XV fue algo único en el mundo, una conjura por y para la belleza. Imagino (mentira, no puedo ni imaginarlo) lo que sería para los habitantes de esa ciudad ver la transformación que sufrió en 15 o 20 años. A ver, que hasta un no arquitecto se ofreció para cerrar una Catedral que se les había ido de las manos (más es más) y nos regaló una de las cúpulas más espectaculares que existen…

Pero no es sólo Brunelleschi, fueron muchos los que dieron lo mejor de sí mismos, los que inventaron lo que no sabían y los que pusieron los cimientos de un Renacimiento al que más tarde dieron gloria Miguel Ángel o Da Vinci para dar lugar a una ciudad que ni los mismos nazis (desobedeciendo órdenes de sus superiores) se atrevieron a destruir.

Un lugar para ver y sentir desde el más profundo deseo de belleza que cada uno tenemos. Así que id, volved. Y contadlo.